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Fake News

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Hoy en día escuchamos constantemente el término “Fake News”, el cual se utiliza para conceptualizar la divulgación de noticias falsas, es decir, aquellas que incluyen información no veraz o manipulada. A pesar de tener apariencia de noticias clásicas, su contenido es creado con la pretensión de engañar al público (Cómo combatir las fake news, 2022).

 

Estos pueden distinguirse según su grado de falsedad y engaño deliberado, pudiendo ser imprecisos, (con escasa información de calidad, pero malinterpretable), descontextualizados o sesgados (su intención es influir en la opinión), o fabricados con la finalidad de engañar y manipular (Incibe, 2023).

 

Este tipo de noticias afecta a la ciudadanía cada vez más, teniendo una mayor influencia en las nuevas generaciones y su desarrollo, convirtiéndose a su vez en una preocupación social. 

Según una encuesta de la consultora GlobaScan, el 79% de los usuarios mundiales de Internet se preocupan por la veracidad de la información online, aunque el 60% de ellos se opone a que el Gobierno regule su contenido.

En el caso español, el recelo sobre la credibilidad de lo que leen en la web es cinco puntos superior al mundial, llegando al 84% de los encuestados, de los cuales, el 54% se muestran "muy de acuerdo" con la afirmación "me preocupa la distinción entre lo verdadero y falso en Internet" (G. Moreno, 2017).

Los adolescentes de hoy en día tienen acceso a noticias e información a través de diferentes medios, como pueden ser la televisión, la radio, Internet, revistas, periódicos etc. De todos ellos, los sitios web son los que se han convertido en la fuente más atractiva y accesible para los jóvenes, ya que las nuevas generaciones han ido dejando de lado los medios convencionales por titulares mucho más llamativos, provocando el fenómeno “clickbait” (García, 2021; Spratt & Agosto, 2017).

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Se puede definir clickbait como una técnica que tiene como objetivo que los públicos accedan a la web para conseguir visitas y aumentar los ingresos publicitarios. La acción más común consiste en crear un titular muy llamativo para que los lectores hagan click sobre el enlace y accedan al contenido.(ESIC Business & Marketing School, 2019)

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 Por ende, los adolescentes, suelen tener dificultades para conocer si la información a la que leen vía Internet es veraz o no, produciéndose problemas de desinformación, generados por norma general por información filtrada o alterada.

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Esto lleva a la siguiente cuestión, si las nuevas generaciones, pese a ser consideradas como nativas digitales, no son capaces de discernir entre las noticias reales y las “fake news”, estamos ante una nueva problemática de la era actual, una población con demasiada información, la cual no sabe si es veraz o no (García, 2021; Spratt & Agosto, 2017).

 

La situación se ve agravada con el conocimiento de que las generaciones  Z (1998-2012) y millennials ( 1981 y 1997) son las que más tiempo pasan conectadas a las redes sociales, siendo sobre todo la primera una generación que consume los medios en los que menos confía (ya que se encuentra expuesta a información digital) que reconocen como poco fiable y difusora de fake news, pero a la que siguen accediendo igualmente. Del mismo modo, los jóvenes admiten que han contribuido en la propagación de noticias falsas a través de servicios de mensajería como WhatsApp u otras redes sociales, afirmando la mayoría que no utiliza método alguno para verificar si una noticia es veraz o no. Además, por norma general, prestan poca atención a las fuentes de las noticias o imágenes que comparten (López-Iñesta, et al, 2023; Pérez-Escoda et al., 2021).

Si nos movemos al panorama andaluz, la situación es igual de precaria: el fenómeno de las fake news afecta intensamente a los jóvenes andaluces de entre 15 y 24 años, debido a que con suma frecuencia se encuentran expuestos a este tipo de noticias falsas a través de redes sociales y aplicaciones de comunicación instantánea. Algunos estudios muestran que estos bulos se distribuyen a través de distintas redes, compartiéndose incluso, a veces, la misma fake news a través de distintas plataformas. Aquellas con mayor incidencia de casos de bulos no son otras que Twitter (73,9%), Facebook (54,4%) y WhatsApp (34,8%). Más de la mitad de estas piezas compartidas entran a la categoría de engaño, descontextualización y exageración 

Los temas que más se ven influenciados por este fenómeno son la actualidad, personajes de la vida pública, información política, deportes, cultura y economía (Gómez-Calderón et al., 2020;  López-Martín et al., 2022).

​Entre las consecuencias derivadas a raíz de las noticias falsas o bulos, se debe destacar que influyen y manipulan la creación de las opiniones de los más jóvenes en ámbitos como planteamientos vitales o políticos, cuidado de la salud,

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relaciones interpersonales, deseos o intenciones de compra, entre otras. Además, cabe destacar que ponen en riesgo la salud física, emocional y psicológica del menor, al igual que el desarrollo saludable de su autoestima y de sus relaciones sociales. Por otro lado, intentan generar sentimientos extremos de miedo o enfado, provocando situaciones de alarma, indignación, terror o pánico, perjudicando especialmente a personas y grupos en riesgo de exclusión con prejuicios o ideas negativas preconcebidas.

También fomentan el consumismo, ya que pueden utilizarse como señuelo para dirigir a contenido promocional o tiendas online, aunque sea de forma indirecta y pueden motivar la instalación de algún complemento o app maliciosa, las cuales son capaces de infectar su dispositivo, robar sus credenciales o vulnerar su privacidad (Incibe, 2023).

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Para solventar esta situación, se plantea la creación de un videojuego educativo que muestre diferentes técnicas que ayuden a los jóvenes a evitar caer en los bulos y la desinformación.

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