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Leer con café

Microcuentos

Colección de microcuentos de diversas temáticas publicados en las recopilaciones a concurso de la editorial Diversidad Literaria

Ángel de la Noche

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Ella, vestida de rojo, danzaba por el salón con elegancia, mientras sus colmillos brillaban bajo las mortecinas luces. Los poderosos del reino, uno a uno, cayeron desangrados, víctimas de su festín y sus encantos, pura justicia poética por el daño infligido a los débiles. Desde un rincón, su amante la observaba, fascinado. "Eres un ángel de la noche", murmuró, cubriendo sus labios con besos. Ella sonrió, enamorada, y juntos se desvanecieron, dejando atrás los cuerpos de los verdaderos monstruos.

 Realidad fragmentada 

 

La lluvia acaricia las ventanas, dibujando lágrimas entre las rosas azules del jardín. Me tumbo en el pequeño diván de la biblioteca y abro un libro, perdiéndome en sus páginas. Unos brazos me rodean; cálidos, familiares. Su aliento roza mi nuca.

 

—Lo siento... —susurra—. Te amo.

 

Sin previo aviso, me empuja, y el mundo se fragmenta. Despierto en un bosque vibrante, irreal. No hay rastro de la mansión, ni de él. ¿Fue un sueño, o lo es esto? Mis manos tiemblan; en ellas la novela que nunca leí.

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No es sólo un juego

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En un fatídico día, obligada por sus compañeras y contra su voluntad, Carolina jugó a Verónica en el baño del colegio. Por la noche, una vez ya olvidados los sucesos del día, una voz resonó desde la oscuridad: "Voy por ti". La niña aterrada, llamó a su madre, y pronto la puerta del cuarto se abrió. Unas manos acariciaron su espalda, suaves al principio, luego brutales, clavando sus uñas. Con lágrimas, murmuró: "¿Mami?". Una voz ajena, fría y burlona, susurró junto a su oído: "Yo no soy tu mami".

La Dama de la Medianoche

La luna era su verdadero amor, su única amiga. Era quien la acompañaba por las noches de camino a casa. La que la acariciaba con sus rayos durante el crepúsculo más oscuro. Era la única que se preocupaba por ella, porque incluso cuando tenía pesadillas, parecía que, la propia luna, se asomaba entre las nubes, también asustada, para comprobar cómo estaba y consolarla con luz. Le susurraba historias en el silencio, y con cada resplandor, le prometía que nunca estaría sola bajo el cielo infinito.

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 La calidez del invierno

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El viento soplaba fuera, las ramas de los árboles golpeando las ventanas de la cabaña. Dentro, junto al crepitar del fuego, dos amantes se abrazaban el uno al otro, compartiendo el calor de sus cuerpos. Ella apoyaba la cabeza en su pecho, escuchando su corazón latir con calma. Él le besaba la frente, murmurando promesas entre susurros. La tormenta rugía, pero allí, envueltos en mantas y amor, el mundo se desdibujaba. Solo existían ellos, mientras la nieve cubría el mundo exterior.

Ya estoy en casa

Y por fin, al verlo esperándola en la cama, todo se desvaneció. Sus fuertes brazos la envolvieron en un abrazo que hizo temblar su piel. Se hundió en su pecho, suspirando, derritiéndose entre sus músculos. Él la besó sin importarle su cabello revuelto o las sombras del cansancio en su faz. Sus leves mordiscos eliminaron todo estrés. 

—Ya estoy en casa —susurró ella, mientras él la desnudaba con manos expertas. —Bienvenida —murmuró él, con la promesa silenciosa de no dejarla ir en toda la noche.

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Incondicional

Conozco tus demonios y tus miedos

Tus trapos sucios y tus anhelos

¿Y sabes lo peor de todo?

Que aún así, te quiero.

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