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Mi primer y último amor
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El pasado 10 de Diciembre acudí a la presentación de la tercera edición de ‘Escríbeme Málaga’, el certamen de microrrelatos para jóvenes y mayores de la provincia, donde mi relato fue uno de los seleccionados.
Se sentó en su escritorio, como tantas veces, y tras sacar su boli y papel, comenzó a derramar los contenidos de su corazón:
“Tu risa me recuerda al murmullo de las olas, un sonido eterno que me acuna y me arrastra hacia ti, siempre. Tu sonrisa, en cambio, brilla dorada cada mañana, como la luz que se filtra entre las hojas de mi ventana.
Te reconozco en cada rincón, en tu aroma a sal, azahar y jazmín, y por las noches, a dama. Eres la brisa fresca que acaricia mi rostro en las noches de verano, y adoro cuando me hablas a través del susurro de las palmeras. Tu alegría es contagiosa, como el vino dulce de la tierra. Y aun en la calma de tus raros días tristes, Málaga, no pierdes tu encanto; simplemente te vistes de nostalgia.
Eres mucho más que un lugar; eres mi refugio, mi historia, mi musa. Málaga, mi ciudad, siempre serás mi primer y último amor.
Nunca habrá palabras suficientes para explicarlo, pero tú lo entiendes, ¿verdad? Tú siempre lo entiendes. Porque no hay orgullo más grande ni más puro que el que siento por ti.
Con todo mi corazón,
Tuya siempre”
Dejó el bolígrafo en el escritorio y suspiró profundamente. Esa última línea era todo lo que podía decir. Sonrió, porque sabía que Málaga no necesitaba más explicaciones; la ciudad siempre había escuchado los pensamientos más sinceros de su gente sin necesidad de palabras.
Dobló la carta con cuidado y la guardó en un pequeño cofre. Sabía que el amor no siempre necesitaba ser proclamado; a veces, bastaba con sentirlo, tan eterno e inmenso como el cielo que siempre la acompañaba en su ciudad.
